En la formación inicial del docente, la identidad profesional es influenciada por el período de practicum (Danielewicz, 2001) permitiendo abordar la relación del profesor/a con su profesión, sus pares, el centro educativo, las familias, la comunidad y el sistema educativo.  Asimismo, se desarrollan valores profesionales, pedagógicos y sociales, junto a competencias asociadas a la formación disciplinar (Ibarras, 2014, Serrano y Pontes, 2016), con posicionamientos epistémicos y sociales, como es la comprensión de la función social de su disciplina en la formación de los sujetos.

 

Este ámbito corresponde a un conjunto de habilidades, conocimientos y disposiciones en torno a la práctica pedagógica, que se entiende como un proceso de decodificación, interpretación, significación, recreación de ideas, creencias, conceptualizaciones, condiciones y actuaciones disponibles en la cultura, que se hacen más o menos visibles y viables en un contexto situacional de interacción e intercambio de significados.

 

La reflexión resulta ser el motor de la práctica pedagógica, donde el saber pedagógico implica una experiencia transformada y sistematizada, mientras que transformar la experiencia, siguiendo a Schön (1993) implica la reflexión sobre la misma al interior de una cultura docente. La reflexión se relaciona con los procesos de toma de decisiones conscientes, racionales y ajustadas al contexto de la acción, una reflexión tendiente a formar su compromiso e identidad profesional, su responsabilidad social como agente de cambio, la reflexión sobre el lugar que cada uno tiene en el mundo, la misión de cada uno como profesor (Korthagen, 2004). Implica concebir dispositivos de formación que favorezcan la reconstrucción del conocimiento anterior de los estudiantes y estimulen la elaboración de un pensamiento pedagógico capaz de interpretar la diversidad y complejidad de la realidad educativa (Lampert & Ball, 1998).

 

La práctica pedagógica tiene como eje la formación de todos los estudiantes como personas integrales y ciudadanos conscientes, lo que implica desarrollar la multiplicidad de facetas del ser humano, el reconocimiento como sujetos miembros de una comunidad (Mineduc, 2017). Asimismo, esta práctica pedagógica implica la creación de una cultura de aprendizaje en las comunidades educativas y por tanto requiere la preparación, enseñanza y evaluación de los procesos formativos, gestionando el aula, implementando y desarrollando el currículum, considerando los énfasis y las orientaciones del currículum vigente, las formas en que los/as estudiantes aprenden las disciplinas que intervienen en la construcción del contenido escolar (comprensión interdisciplinar), el conocimiento y manejo de recursos específicos, como TIC’s o programas de estudio para la enseñanza de la disciplina y, por último, el contexto donde se inserta el centro educativo. En este dominio, el/la egresado/a de pedagogía elabora diversas estrategias de evaluación sistemáticas y pertinentes a la naturaleza específica de la disciplina en instancias de tipo formativas y sumativas.